ante los ojos ingenuos y ante los oídos más críticos, santiago es una ciudad fome. bohemiamente fome. limeños, bogotanos y bonaerenses me han hecho la misma pregunta: ¿y dónde baila el santiaguino? ¿y dónde come el santiaguino? ¿y dónde pasa la noche el santiaguino?
la metrópolis, la gran capital, la ciudad luz de chile, emerge más como un pacífico pueblo de provincia si de noche y de juerga se trata. sin bulla. sin baile, sin música. sin cuerpo en definitiva.
¿pío nono, brasil, suecia, plaza ñuñoa... son verdaderos centros bohemios? y si acaso merecen tal nombre, ¿sus espacios reducidos, su uniformidad de shopería, su intervención tímida de las veredas acaso no dan perfecta cuenta de lo restringido del panorama?. algunos culpan al "apagón cultural" de la dictadura. otros al frío invierno. quizás sea la lógica del toque de queda que ya nos mutó el adn social. ¿o será que no queremos bailar, no queremos divertirnos en público, no queremos salir de nuestras madrigueras?
queremos bailar, pero no en público. queremos divertirnos, pero no en público. queremos salir, pero donde haya nadie. aún hay un tema decisivo en nuestra moral y es la inhibición de vivir nuestros cuerpos en público. de convivir en una metrópolis anónima y asumir sin pánico ese anonimato.
como consecuencia de lo anterior, la ciudad no es que tenga pocos lugares y restringidos circuitos de carrete y distracción. los tiene por cientos, pero desarticulados. y mientras más desarticulados, mejor. mientras más secreto, más difícil de acceder, más desconocido el local, más cariño le tenemos y más le confiamos nuestra presencia.
es la lógica santiaguia de las picá. quien se cree bohemio en Santiago conoce picás y su vida de juerga consiste en ir a ellas. no en ir a un barrio o a "cualquier parte", sino a la picá, a ese lugar que pocos conocen y al que pocos llegan. la lógica de la picá gobierna el ritmo bohemio de la ciudad.
una picá pa que sea picá debe ser el único local de la cuadra. una picá pa que sea picá no debe anunciarse mucho. ojalá la puerta sea pequeña y el letrero, mínimo. porque una picá pasa desapercibido para el común de mortal, para el transeúnte ingenuo, para el que simplemente vaya de paso.
la picá pa que sea picá tiene una puerta pequeña y desapercibida desde la calle, pero abre a un mundo gigante y asombroso. jamás imaginado desde la calle. como sucede con la piojera, con las tejas, con la habana vieja y, para qué decir, con los infinitos clandestinos de los que se nutre la ciudad.
la picá parece tener vergüenza de ser pública. o al menos le incomoda la exposición a la calle. no hay luces, no hay bullas, no hay gentíos que alerten al caminante de la presencia de un buen lugar para comer, emborracharse y bailar.
y entonces uno recorre las calles de santiago y todo parece gris, sin vida, sin espacios de encuentro y de comunidad. toda una apariencia de desarticulación e inacción. y sin embargo, dentro de esas puertas pequeñas todo pasa. con tanta alegría y desnfreno como en lima, bogotá o buenos aires. pero jamás ostentándose a la calle.
1 comentario:
Es cierto lo que escribes. creo que esto influye en la mala calidad de vida que tenemos , y sobre todo porque la mayoria de las personas no dejan fluir sus emociones nos han enseñado tanto a filtrar lo que debemos decir, hacer en fin.debemos ser estructurados para ser "normales" .
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